¿Alguien quemó algo?


Qué bendita costumbre tenemos de quemar cosas ¿no?

Es increíble ver a la gente, año tras año, esperando el momento del vértigo “findecembrino” en el que la quema de fuegos artificiales nos autoriza a dar la bienvenida al año asegurándonos, además, que todos sepan que lo estamos haciendo.

Año tras año, la preocupación es la misma, los cortes, las quemaduras …. pero lo que subyace en el fondo es el ritual de la quema de cosas para exorcizar nuestros errores y temores.

La tradición de quemar cosas en gesto de ofrenda o en gesto de “quiebre” con un situaciones pasadas, no es nueva ni mucho menos propia. Siempre el fuego ha tenido ese poder “purificador” que no llega a tener el arrepentimiento, ni la buena fe, ni tan siquiera el compromiso individual con el cambio.

Es una cosa extraña, ilógica diría yo, esa costumbre humana de conceder a elementos externos el poder de resarcirle, indultarle y decidir sobre si mismo y su destino…

Pero, ¿Alguien se atreve a contradecirla? en el fondo todos quemamos algo por si acaso ….

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