Discusión del libro Cultura Libre de Lawrence Lessig. Recopilatorio

En los tres capítulos comentados hasta ahora del libro Cultura Libre de Lesig, se ha articulado un discurso que, desde la exposición sobre la necesidad de construir una cultura libre (en tanto que excenta) del permiso, que respete los valores culturales de cada sociedad y que, al mismo tiempo, sea capaz de permitir a esa sociedad el explorar nuevos medios a través de los cuales recoger las distintas manifestaciones contemporáneas (internet, innovación en medios y herramientas educativas, entre otros) que la cultura ofrece en esa construcción de seres sociales que somos.

A partir de lo que hasta ahora se ha recorrido de este discurso, se ha buscado en conjunto, contextualizar la propuesta de Lessig sobre el uso social de las TIC y otros elementos que son parte de la construcción de una cultura libre del permiso. En ese camino, hemos podido decantar los conceptos que se presentan a continuación no en riguroso orden de lo conversado, sino pretendiendo seguir un orden que ilustra mejor el discurso construido.

Hablamos de poder cuando se ilustraba el peso que tenía la regulación de los derechos de uso sobre el conocimiento o innovación generados, a través del establecimiento de una licencia (permiso) sobre su autoría que no garantizaba al cien por ciento lo que pretendía en cuanto a reconocimiento del trabajo intelectual que lo originó. Entonces el ejemplo utilizado fue la industria farmacéutica, y algunas protecciones hechas sobre avances en técnicas y manejos agronómicos, en donde esas protecciones eran utilizadas para fortalecer el poder económico de algunas empresas con la excusa de reconocer y proteger la autoría de tales avances.

Fue entonces que esta conversación surgió, en torno al tema del sentido común. Intentamos mostrar cómo el sentido común, siendo algo relativo a un colectivo, podía ser objeto de su secuestro por parte de intereses económicos o particulares. En este contexto, ilustramos cómo podría crearse la opinión, compartida colectivamente, de que algo contrariaba el beneficio de todos, cuando esa idea en realidad, contrariaba al sentido común mismo. El ejemplo del libro sobre la contaminación sónica en una granja de Estados Unidos y la acción judicial interpuesta para limitar el tráfico aéreo sobre ese espacio geografico, dio para mostar otros ejemplos más locales, esta vez con unos invernaderos de origen israelí en contraposición con infraestructuras similares, elaboradas localmente con el mismo propósito, pero cuya evaluación positiva por parte de los primeros, afectaba de modo importante sus propios beneficios, de modo que, contrariando el sentido común, que orienta sobre lo que es bueno para el colectivo, la opinión de los evaluadores, era negativa hacia los invernaderos desarrollados localmente.

Este modo en que se despliega el sentido común, es decir en ocasiones secuestrado por intereses económicos individuales, da una noción sobre el control que la cultura del permiso (no la excenta de él), busca establecer sobre las manifestaciones culturales, enalenándolas de eso que se conoce como el bien público, esto es, aquello que es bueno para todos en la construccion de la sociedad en la que se vive como ciudadanos. Bajo el discurso del permiso, también sobre el bien público puede establecerse posesión, y en función de ello, ejercer el poder en la eterna lucha por poder.

Sin duda, el discurso de la cultura del permiso versus la cultura libre, tiene buen campo de batalla en la revisión y construcción permanente de lo que Fuenmayor denomina a lo largo de su obra lenguaje madre, como algo que le permite al ser social cultivarse y lo cual, segun se conversó, ha venido sufriendo transformaciones importantes en sus contenidos que pueden ser vistas por algunos como empobrecimiento (debido a su parcelamiento y tecnificación crecientes) y por otros como diversificación (debido a los distintos modos de manifestación que, entre otras tecnologías, las TIC han posibilitado). En este contexto, internet emerge como una herramienta y un medio, no como un fin en si mismo, aunque es parte central del modo en que nuestra cultura se diversifica, enriquece y manifiesta.

En cierto modo, la cultura libre fomentaría, por parte del ser humano, su construcción social y, por tanto, la reconstitución de ese lenguaje madre que nos reúne como seres sociales. Sin embargo, para que esa situación se de, es impotante la coexistencia de políticas y voluntad políticas. Las políticas públicas, como es de entender, estarían llamadas, en primer término a avanzar sobre un modo de construir un sentido común acerca del bien público. Sería eso lo que operaría como su piso conceptual, el sustrato mínimo sobre el que la construcción de políticas públicas se orientaría a que éstas fueran instrumentos de custodia del bien público, a través de los cuales se iniciara, además, un proceso de formación del ciudadano como motor y articulador en dicha actividad.

De algún modo, tal parece ser el discurso seguido por Lessig, una cultura libre (del permiso), emerge como un garante de la realización del ser, en tanto que es libre de hacerse con las herramientas que requiera en dicha construcción, cuyo éxito bien pudiera estar en el camino recorrido hacia la construcción social del ser, en función de pertenecer a una construcción colectiva del bien público.

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