Ciudadanos… y ciudadanas!

Nuestro hijo estudia en una guardería que está dentro de una urbanización. Conversábamos ayer que, durante las vacaciones, habían suprimido uno de los tres policías acostados que diariamente debemos pasar cada vez que lo buscamos.

Yo argumentaba que, a mi juicio, me resulta asombroso el modo en que el ser humano busca apropiarse de las cosas que le rodean. El ejemplo de las calles y la restricción de circulación que ocasiona la disposición arbritaria de policías acostados (en este caso estaban dispuestos a menos de 50mts entre cada uno), me venía como anillo al dedo para mostrar cómo los habitantes de las casas (sus propietarios) habían extrapolado su propiedad a la calle, la cual es, o debiera ser, de tránsito y uso públicos.

De esta forma, quienes dispusieron los policías acostados atentaban contra el derecho constitucional de libre tránsito, así como aquellos que disponían de modo también arbitrario una reducción en el tránsito por determinadas calles en horarios específicos, o quienes ponían garitas o portones para cerrar calles enteras al tráfico común. Todos ellos son individuos que, en su deseo de construir un mejor espacio para si, atentan contra el espacio que nos es común a todos, aunque no vivamos en esa urbanización o barrio.

Claro, me decía, el motivo por el que se cierra el tráfico a una calle parece objetivado cuando uno revisa los índices de delitos en determinadas zonas y la falta de respuesta institucional pública al respecto. De este modo, el razonamiento parece ser similar a éste: si tengo inseguridad en mi urbanización, y la policía no responde (por no querer o por no tener lo medios para ello que también ocurre), entonces tengo que resolverlo yo. Para resolverlo tengo que contratar a un vigilante el cual, a su vez, tampoco tiene la capacidad para disminuir el índice delictivo, ni las herramientas, ni el adiestramiento necesarios (en muchas ocasiones), pero lo estoy pagando yo, y así siento que “hago” algo pues al menos tengo a quien reclamar de un modo más cercano cuando algo no ocurre del modo esperado.

Bien, siendo ese el razonamiento, entonces reducir la libre circulación por espacios comunes a lo único que conduce de modo directo es a fortalecer un servicio de vigilancia privada que es ineficiente (limitando el tráfico hay menos que vigilar, pero se sigue teniendo los mismos equipos y personal insuficientes y no capacitados), y al mismo tiempo, no me formo como ciudadano en la verdadera prevención del problema de fondo, que pasa por el diálogo con instituciones y entre ciudadanos.

Claro, el ejercicio de fondo de todo este trabajo parece ser, la construcción y formación ciudadana… tarea ardua en espacios en los que el ciudadano es individuo antes que patriota, y en los que todos somos responsables de nuestro coto, es decir en los que nadie es responsable del coto de todos.

Horas más tarde, regresando a casa, agradecí a los fiscales haber escuchado mis súplicas casi diarias de habilitar, según las horas, en el trayecto entre Las Tapias y El Carrizal, un canal de los dos disponibles en sentido sur-norte para ser utilizado en sentido contrario, para aligerar las colas de kms que nos ocupan en estos días…

Bien, esta iniciativa (buena) fue saboteada de forma constante por individuos (no ciudadanos) que pasaron por encima de los conos de delimitación del canal y que incluso pusieron en peligro la salud del fiscal mismo al irrespetar lo que entonces era la norma: un solo carril de subida.

Pocos cedieron “su” espacio de avenida para dejar que otros transitáramos de un modo más cómodo… de forma que escasos 30 mts duró la iniciativa y poco menos de media hora tardó el empecinamiento individualista en dar al traste con una solución que pudo ser buena.

Vivimos en una comunidad de contrastes. Me gusta hablar de comunidad en lugar de sociedad, pues siento que hay particularidades que sólo son entendibles en nuestro espacio físico inmediato de ciudadanos. Y esta comunidad de constraste, gustándonos o no, llama a que parte del trabajo a ser hecho como ciudadanos sea el de conciliar el éxito personal (apropiación de “mis” cosas y por extensión de algunas cosas “de” otros que pueden estar en “mi” terreno, como “mi canal de circulación” o “mi calle en la urbanización”), con el respeto y protección con los valores colectivos que, en el fondo, son los que nos aseguran la perdurabilidad y sostenibilidad como comunidad…

2 comentarios en “Ciudadanos… y ciudadanas!

  1. Iván León-Trujillo dijo:

    Según el RAE es ciudadan@: el habitante de las ciudades …que sujeto de derechos políticos, interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país. Y a comunidad la describen como aquella cualidad de común (que, no siendo privativamente de ninguno, pertenece o se extiende a varios).

    Pues bien, en un país donde se fracturan el respeto a las normas en general desde la figura más alta de sus gobernantes (anteriores y actuales) hasta la aparentemente menos significante figurilla del sistema, marcan un ejemplo a seguir se quiera o no. Aquel ciudadano que sigue el ejemplo de sus gobernantes (rompiendo normas y transgrediendo límites) deja de ser ciudadano, deja de intervenir, deja de ejercitar sus derechos, ó simplemente sobregira sus acciones asumiendo sus derechos como carta aval para acciones individualistas que transgreden los derechos de otros. El cuidadano se convierte así en un individuo intrasigente que imita a sus gobernantes. Estos a su vez en ese momento han dejado de serlo, formando tan solo una masa de gente que se apropia de la majestad y poder que les da un cargo público para atropellar a sus gobernados.

    Finalmente según el RAE: Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación, es el concepto para UTOPIA. En estos momentos para que en nuestro país “parte del trabajo a ser hecho como ciudadanos sea el de conciliar el éxito personal… con el respeto y protección con los valores colectivos” como tu dices, me suena altamente UTOPICO. Tristemente los conceptos de cidadano, comunidad, bienestar, e incluso calidad de vida en la “República Bolivariana de Venezuela de ocho estrellas”, me suenan a UTOPIA, desorden, anarquía intranquilidad, inseguridad y en pocas palabras falta de un gobierno que muestre un ejemplo de verdadera ciudadanía.

    Luchar por alcanzar utopías podría ser la meta de la generación que asiste actualmente a las guarderías del país, ya sea en urbanizaciones ó en barrios. Lamentablemente la nuestra dudo que haya planteado seguir alguna vez metas y/u objetivos.

    Iván.

    RAE: http://buscon.rae.es

  2. Querido Iván,

    No se trata de que cada cual resuelva “sus” problemas. Quizás mejor se trata de problematizar las cosas y discernir cuáles ocurren como problemas “míos” (o que me tienen a mi), y cuáles como problemas “de todos”.
    Definitivamente la seguridad es un problema de todos, pero ya no más desde una visión asistencialista del mismo: “el gobierno debe hacer algo”, como suele uno escuchar, sino como una situación problematizada que sólo puede ser resuelta a través de la participación y concurso de todos quienes concurren en la misma, porque sean afectados o porque sean actores intervinientes en su solución.
    Por cierto, eso de esperar que “el gobierno haga algo” es parte de nuestra más rancia tradición de deformación ciudadana. Confundimos “gobierno” con “Estado”, y eso ocurre no sólo en el plano del ciudadano sino también en planos académicos de una forma pasmosa.
    Debo decir que de tu comentario se desprende la idea que el apego a las leyes corresponde sólo a los funcionarios (elegidos como representantes, contratados o fijos), así como que desde el gobierno se desprende una enseñanza sobre “cómo ser ciudadanos”. Sin embargo, esta es una convicción falsa fundada en una creencia no racional de que la comunidad es algo que está “hecho” por el “gobierno” (o en el mejor de los casos por el Estado) y donde el ciudadano “se inserta”. No sólo el cumplimiento sino también la construcción y deliberación en torno a las leyes de la República son competencia de TODOS los miembros de la República, y esto es algo que ocurre en tanto que ciudadanos (sea desde la visión normativa o humanista del término “ciudadano”). De tal suerte que el irrespeto de la norma, como bien dices, no debe buscarse sólo en funcionarios y/o instituciones, sino también en los individuos que, desconociéndola, la fuerzan actuando en ocasiones con “lógica”, para resolver sus propios problemas (los que identifican como suyos que en ocasiones sin serlo, implican para su resolución un trabajo más complejo de articulación).
    Del mismo modo no sólo compete a las instituciones públicas “enseñarnos” a ser ciudadanos, aunque sí ayudarnos a definir y construir aquellas pautas y prácticas comunes a todos que faciliten nuestra convivencia y construcción de comunidad.

    Agur!

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