¿Este gobierno realmente está loco? (*)

Como docente en la asignatura Proyecto II del Programa de Formación de Grado en Estudios Jurídicos de la Misión Sucre, debemos programar, todos quienes aprendemos en esa asignatura, dos cosas: un proyecto de grado bajo la metodología de IAP (Investigación Acción Participativa) a desarrollar a lo largo de tres semestres y actividades llamadas “de campo”, las cuales he preferido que acordemos en función de cada proyecto.

Acompaño en este camino a estudiantes adultos del quinto semestre divididos en dos grupos con proyectos relacionados pero distintos: (a) Vulnerabilidad del alumnado del Preescolar Campo Elías y (b) Creación de una biblioteca integral comunitaria en la comunidad de El Palmo.

Bien, esta semana asistí a una actividad de campo con el primer grupo. Se trataba de una asamblea de padres y representantes para escoger a los miembros de la comunidad educativa del plantel. Bien, siendo que allí, como he mostrado al grupo, tengo mis objeciones sobre los modos de concebir la comunidad educativa (es decir asumiendo que son más que los elegidos y que esa elección no se trata, nunca, de una representación, o al menos no debiera ser vista así), pude disfrutar de un rato de buenos descubrimientos.

Belén y Gabriel presentaron el proyecto a la gente que, entre sorprendida y agradecida, buscaron, creo, ver en sus palabras algo que pudiera serles de utilidad. Al terminar su presentación les sugería algunas estrategias para poder enamorar a los miembros de la comunidad educativa para que no sólo firmaran cartas sino que también les dieran ideas para el proyecto, e incluso llegaran a acompañar cosas con ellos, y algunas otras cosas para las que sería bueno aprovechar la colita de algunas instituciones vinculadas al proyecto como el IUTE y los Bomberos de Ejido, como son el diseño de un plan de evacuación y de atención de la comunidad educativa en caso de desastres naturales.

Pero no es eso lo que quiero ahora mostrar.

Decía antes que fue una tarde de sorpresas, esto tiene relación con lo que conocí después de voz de dos de las 28 mujeres que trabajan en el preescolar (¿había dicho antes que es un preescolar en el que su planta profesoral y de servicios de apoyo está compuesta por 28 mujeres y dos hombres?). Supe del proyecto Simoncito Comunitario, trabajo de educación no convencional, que está conducido por docentes comunitarios (es decir, profesores itinerantes que visitan a las familias de la comunidad), con el objeto de conocer de la existencia de niños entre 0 y 6 años no escolarizados, y que se encargan también de trabajar con las familias de esos niños, según dijeron, facilitándoles herramientas didácticas, y acompañándoles en su aplicación, para facilitar su nivelación al aprendizaje de niños de su edad para ser incorporados posteriormente a la educación llamada formal, es decir a un Simoncito Institucional.

Según informaron, la información recogida localmente, sólo en la zona baja de El Palmo (el sector es excede las capacidades del músculo de dos docentes comunitarias que son las encargadas de este proyecto en el Preescolar Campo Elías), arroja cifras realmente tristes: 84 familias censadas y unos 36 niños no escolarizados. El censo se levantó en Red, en conjunto con misiones destacadas en la zona. Y hablamos de una zona que no es rural, sino semi urbana, con acceso relativamente fácil a medios de comunicación vial pero, sin duda, sumamente deprimida económica y socialmente.

Llegando a casa decido revisar qué ocurre con el proyecto Simoncito. Y veo cuánto ocurre allí: una combinación de educación formal e informal, de educación convencional y no convencional.. un definitivo y claro acercamiento de modos y formas educativas hacia quienes lo requieren, de una forma, sin lugar a dudas mucho más cercana que aquella que recibimos buena parte de nosotros que, por decirlo pronto, sólo permitía entrar al engranaje educativo a quienes podían, y permanecer en él a quienes lograban sobrevivir.

Las cifras no mienten. Proyectos como Misión Sucre y la UBV tienen en estos momentos un número de estudiantes a nivel nacional que supera la matrícula de estudiantes de las más rancias universidades estatales. ¿Qué ha ocurrido allí? cómo hemos podido subsistir como sociedad con una brecha tan profunda acumulada durante tanto tiempo?

Sin duda, al menos para mi, tan sólo la perplejidad arroja algo de luz ante estas interrogantes … pero las hay sin duda más hondas si comenzamos a escarbar en la tan defendida calidad de la educación universitaria. No quiero deprimir más al lector, tan sólo mostrar cómo es que la casualidad hace que alguien ajeno al círculo de un Simoncito, como yo, se entere de un proyecto tan, definitivamente vital como este … pero ¿Qué ocurre que estos empeños sean desconocidos por muchos?

Definitivamente este país que se arma, tuerce y rearma a ratos no nos conducirá a la muerte … pero va siendo hora de poner mepeños también en lograr mostrar a tanto Santo Tomás que habita entre nosotros, cuanto se está haciendo … y cuánto nos queda aún por hacer.

(*) Yo, realmente, NO LO CREO.

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