Debo reconocer que hoy he aprendido…

Hoy pensaba algo curioso que luego comenté: quien se sabe muriendo, no teme hablar. Cierto que eso no ocurre en todos los casos, pero si, efectivamente los moribundos, generalmente tienen arrebatos de sinceridad.

Bien sabemos que no hay una única forma de vivir, y que, en realidad poco sabemos el modo en que moriremos, pero, en el fondo todos deberíamos saber que estando vivos, somos un poco moribundos también.

Por distintas razones que no vienen a cuento ahora, y que salvo mis ahora cotidianos altibajos de salud (desde hace un año), no tienen que ver absolutamente nada con mi salud, es decir, físicamente no tengo ninguna enfermedad terminal, ando en esa onda desde hace ya algún tiempo. Moribunda. Viviendo, si, pero sabiéndome muriendo también, y creo que, salvo los períodos intensos que eso ha traído, en términos anímicos sobre todo, he podido tocar otro modo de ver el mundo, y desde allí, definitivamente he obrado como el moribundo que antes describí (diciendo aún más que antes, creo).

Esto viene a cuento de lo que diré a continuación (o al menos eso espero).

Con frecuencia hablamos de organizaciones virtuales de un modo bastante abstracto. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar cuánto implica, cuánto se diferencia la organización virtual de un equipo y su organización física.

Por otro lado, nuestras leyes, al menos en Venezuela, tampoco contemplan otros modos de organización que no sean aquellas que posibiliten un contacto físico frecuente entre sus miembros de modo que los roles y funciones dentro de la organización puedan ser mostrados, aprehendidos, aprendidos y aplicados (emulando la espiral del Ba de Nonaka y Takeuchi para el aprendizaje organizacional), a través del contacto físico directo en horas de oficina, y en muchas manifestaciones (reuniones, discusiones, equipos de trabajo, sesiones de grupo…).

Ciertamente el que nuestras leyes no prevean mecanismos para la organización formal de grupos virtuales (por ejemplo organizaciones con formas de teletrabajo por ejemplo o con modos de interacción exclusivamente virtual), definitivamente no es inocuo para ese tipo de organizaciones.

Un modelo de estatutos, por ejemplo, no puede incluir la elaboración de un libro digital de actas de asambleas, o de registro de miembros, o de contabilidad …. Todo esto puede llevarse de modo digital, pero lo que es válido, lo legal, es el registro impreso, a mano de todos estos hechos en la vida organizacional. Dicho sea de paso, en ocasiones algunas organizaciones, en especial las muy pequeñas o pequeñas, terminan sintiendo que toda la vida de la organización es el constante cumplimiento de normativas que consideran, en su mayoría, innecesarias.

La teneduría de libros, la ocupación física de un espacio en el que las actividades de la organización se desarrollen, definitivamente, son sólo una arista de todo esto. Los modelos organizacionales estándar definitivamente dan al traste con la propia búsqueda interna de cada organización (y esto no sólo es válido para las virtuales), porque pocas veces se “encaja” en esos modelos estándar.

Soy miembro de una organización fundamentalmente virtual que ha estado, desde hace un par de años, sucumbiendo poco a poco aún sin saberlo, y ha estado organizacionalmente castrada desde sus inicios. Eso he podido verlo finalmente hoy frente a mis ojos, porque: (a) la virtualidad de las comunicaciones ha ido imprimiendo una nociva informalidad en las relaciones que resulta insuficiente para eregir desde allí la estructura organizacional sin hacer los correctivos de rigor y (b) el modelo estándar propuesto en sus estatutos, resulta una tontería al lado del modelo de organización que se quiere.

Bien, hoy he podido decirlo, finalmente, desde mi condición de moribunda y aún allí, desde la muerte, algo se ha aprendido. Creo.

La virtualidad de las comunicaciones, paradójicamente, nos ha alejado. ¿Curioso, no? bueno, no tanto si asumimos que las relaciones entre los miembros que ocupan cargos directivos y el resto de la organización se han mantenido en el terreno de lo informal y con una informalidad que no ha permitido concretar acciones para organizar la organización. De modo que allí, entendiéndonos como estructura virtual, hay que comenzar a dibujarla …

yo tengo un lápiz… alguien tiene papel?

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