Una ronda de Tebokan(r) para todos por favor!

La gente aquí no recuerda.

En Venezuela, hace ocho años atrás todos querían que hubiera un cambio. Entonces, de algún modo el cambio lo encarnaba quien ahora es presidente del país. Entonces, como no había memoria (y parece que ese es un mal grave entre nosotros), votaron por él hasta los socialistas, comunistas, socialdemócratas y socialcristianos de toda la vida, entre los cuales, ya venía diciendo Caldera desde años antes, no había ninguna diferencia ideológica en su quehacer en la política Venezolana.

La juramentación del Presidente sobre “la moribunda” comenzó a levantar las primeras alertas, o al menos así está casi históricamente reconocido (nos falta la memoria, pero paradójicamente sabemos echar buenos cuentos) , y definitivamente el camino posterior de la constituyente que devino en Constitución del 1999 no fue nada sencillo, pero se obtuvo de ese trabajo una constitución y a partir de entonces se inició un proceso, definitivamente, de cambio, aunque no se han rendido allí tantos frutos como se esperaban.

Hoy día, a unas horas de que se inicie el proceso de referendo de esa Constitución aprobada en el 99 y a todas luces desde hace tiempo insuficiente, en el panorama discursivo de quienes defienden la opción del “no” o la opción de “no votar” se visualiza como argumento “raíz” (algo como una idea fuerza, que dirían otros) el que la reforma “no es necesaria” porque “defendemos la Constitución del 99”.

Carente de memoria andamos si les creemos, pues estos mismos hace tres años atrás, intentaron asaltar el poder, faltando a esa Constitución. Hoy parece que nadie se los tiene en cuenta, o como decía una entrevistada de Aristegui en su programa de la CNN ocurre una suerte de inercia, una suerte de “si, y qué?”.

Pero hay más.

Pese a que yo no estaba en Venezuela durante el proceso Constituyente, yo recuerdo haber sabido que una de las cosas que más se criticó en la Constitución del 99 tenía que ver con los nombres que se estaba poniendo a las cosas, algo que, por cierto, he podido ver que ahora también se critica de la propuesta de Reforma que hoy se nos pide refrendar. Ayer Chávez decía “Yo tengo la manía de ponerle nombres a las cosas” y creo que es cierto, pero no siempre es malo. Recuerdo el escándalo de entonces entre los medios y la gente, con frases como “desarrollo endógeno”, “democracia participativa” y otros tantos …. Es curioso. En ese momento, como ahora, se le acusaba de querer cambiar todo de un solo plumazo todo nuestro sentido de Nación y de estar inventando cosas que no tenían sentido … “democracia participativa” … por Dios! a quien se le ocurre? qué es eso?, decían

Años más tarde comenzaba a verse a lo largo de la Unión Europea, la difusión de un discurso en el que términos como “democracia participativa” eran ampliamente utilizados como un llamado a cambiar los modos en que la democracia ocurría en las sociedades de los países que la componen y a través de los cuales los eurociudadanos pudieran incidir de otro modo (más activo) en los procesos de construcción de decisiones (prefiero decir así que “toma de decisiones” pero eso va para otro post).

Este simple hecho, de algún modo, podría significar que desde Venezuela estamos en el foco de aquello que se ve de cuanto ocurre, y no se nos mira de cualquier modo sino que, de alguna forma, se nos mira como espacio casi de vanguardia. Eso sigue ocurriendo hoy día, cuando vemos, por ejemplo, algunas cosas que el Partido Popular de España propone incluir en una propuesta de Reforma Constitucional que pueden tener su origen en una reflexión similar a la que motiva en nuestra propuesta de reforma, la constitución de una nueva geometría del poder.

Puesto el argumento del “no” al trasluz de todos los traspiés que se han vivido en los últimos años entre la llamada “oposición” y el gobierno venezolano es, a todas luces claro que su idea fuerza no es el que se esgrime (no hace falta la reforma), sino uno aún más primario, y por tanto más absurdo: “Voten NO porque es una propuesta de Chávez”.

Es más, yo diría, como he comentado ayer a amigos, si una de estas noches ocurriera algo impensable como que Chávez recibiera la visita de algún espíritu revelador que le confesara que el secreto de la felicidad del pueblo venezolano (y del mundo) está en un camino político hacia la derecha y hacia la contrarevolución, si eso ocurriera y Chávez se confesara creyente de tal revelación, y lo manifestara públicamente como un cambio en su doctrina, entonces, estoy convencida, todos los opositores se convertirían a la izquierda, sólo por llevar la contraria, que es el modo más primario que se entiende en nuestro país, debe hacerse oposición: llevando la contraria, sin mayor argumento que el de oponerse a cualquier cosa que se diga desde el gobierno. En nuestro país, muy pocas veces la oposición ha construido decisiones contribuyento en ese proceso, y muchas veces (las más), ha destruido decisiones, o ha intentado hacerlo al menos.

Allí, sin duda, las herramientas y métodos se van sofisticando, y en estos tiempos, el bulo, los chismes y las falsas verdades son dardos envenenados con kurare que a más de uno ha impactado. Mi madre, por ejemplo, insiste en que me lea bien la propuesta de reforma porque yo no debería dejar a mis hijos un país comunista. Una hermana de mi esposo me pregunta si es cierto que con la reforma los varones de 16 años prestarán servicio militar obligatorio. Un amigo también politólogo de la ULA como yo me insiste en que es una nueva constitución y que me la lea porque se han tocado cosas importantes (aunque el preámbulo está igualito, y también los casi trescientos capítulos restantes). Hay quien dice que nos quitarán a nuestros hijos y que en nuestras escuelas los adoctrinarán (como si no lo hicieran ahora!) … una Amiga está “aliviada” porque su hijo de 18 años dejó de tener al Ché y a Chávez en su habitación y ahora sale totalmente forrado con la mano de Optor y con logos del movimiento 13, esos mismos que unas semanas atrás dispararon un par de tiros contra la puerta del salón de clases de un amigo, con los alumnos dentro, para impedir que terminara de dar su clase y sabiendo que es de tendencia chavista … y un amigo de mi hijo me dice “guácala!” y se niega a darme un beso de los de antes cuando le digo que soy de los que la gente llama chavista (que hoy día es simplemente de los que votan por refrendar la propuesta de reforma) … y todo ello, sencillamente porque el bulo, la desinformación y la tontería son desayuno, almuerzo y cena en casi todos los hogares.

Lo cierto es que, bromas aparte, cuanto ha podido aplicarse de la actual constitución ha permitido reducir algunas desigualdades, pese a su gran acumulación durante décadas, en especial en el terreno educativo y sanitario. Sin embargo, en parte también ha permitido la persistencia de muchos de “los de siempre” en sus posiciones privilegiadas fundamentadas en usos y posesión inapropiados de los medios de producción y, además, enriquecer a otros tantos a través de sistemas que, definitivamente tienen sus fallos, como el control de divisas. Allí no es, como me dijo una vez un buen amigo, que yo quiera darle argumentos a la oposición. Necesariamente esta revolución debe hacerse con sentido crítico, de otro modo seremos autocomplacientes y por tanto aniquilaremos toda posibilidad de aprender y mejorar. Pero definitivamente , a estos sectores la reforma no les resulta necesaria porque no ven, no perciben en su esfera de vida, en su concepción del mundo, a aquellos a quienes la reforma les resulta no sólo necesaria, sino, incluso, vital, porque es el único modo en el que, según entienden, pueden avanzar en recuperar todo cuanto les ha sido negado durante años de democracia.

Y desde luego, refrendar la propuesta de reforma de Constitución que hoy se decide en Venezuela, es tan sólo un paso más de este camino que, en buena medida, está aún por hacerse … y transitarse.

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