Lo que se soluciona para uno, no se soluciona para nadie.

Hace algún tiempo aquí mismo, dejé un post a raíz de un programa de Aristegui que vi por la cadena CNN (que no es frecuente que yo vea, por cierto). Resumía el programa una política mexicana hablando de la ausencia absoluta de vergüenza política y el cinismo exacerbado de algunos políticos en México que llegaban a tolerar y ver “normales” cosas que, a todas luces, no sólo no lo eran sino que, además, atentaban contra la construcción de la sociedad mexicana.

Desde hace meses vengo viendo no sin estupor aquello que algunas voces de periodistas convencidos en la revolución (y de su necesidad), comienzan a pedir se atienda y que tiene que ver con eso que, en términos generales, se llama “exagerado burocratismo”.

Bien sabemos que el significado de ese término (burocracia) no es despectivo en su orígen, pero que progresivamente se ha venido estigmatizando y re-semantizando en un contexto en el que su sóla mención provoca urticaria a más de uno😉

Bien, ejemplos del burocratismo solapando males de mayores proporciones (la tan arraigada corrupción por ejemplo) conocemos todos. Por cierto, aquí me entra el recuerdo de aquél programa de Aristegui, cuando veo que no se cuestiona el problema de la corrupción individual (como ya lo decían Rogelio Pérez Perdomo y Ruth Capriles en su libro “Corrupción y control, una perspectiva comparada” Ediciones IESA, 1991), sino sólo cuando ocurre en las altas y medias esferas de la política (si es que la política es algo así como una suerte de conjunto de esferas :)). En otras palabras, y creo que esto es de sobra sabido, nadie dice que es un acto de corrupción pagar a un gestor para que haga el trámite de pedirle al interesado una cita en el servicio de expedición de pasaportes, pero sí se ve que la existencia de ese canal (un intermediario) para un proceso que debería ser automatizado (y de hecho es parte de las muestras de e-gob de Venezuela), siga funcionando como debería, puede ser un acto de corrupción cuando permite que se obtengan documentos fraudulentos.

Si acudir a ese canal me resuelve “mi” problema, entonces vale. Si además permite que se opere sobre otras cosas “ilegales” entonces es corrupción. En ambos casos, a mi juicio, se hacen preguntas a los principios éticos básicos del ciudadano, aún cuando dichas preguntas no sean escuchadas. En ambos casos, se busca solventar un problema para una persona, o dos, o tres. Pero no se atienden las necesidades del colectivo, entonces, no se resuelve para nadie.

Veamos ahora el tema del control cambiario.

He escuchado críticas al control cambiario desde quienes se oponen al Presidente Chávez y también de quienes están convencidos de la revolución (y su necesidad). Obviamente los fundamentos de ambas críticas son muy distintos.

En el primer caso, quienes se oponen a Chávez, lanzan con una soberbia realmente inaudita, cualquier cantidad de improperios contra el Presidente, para luego mostrar sus increibles ganancias, créanme de millones de bolívares, a costa de sacar los dólares a los que “tienen derecho” para viajar en países vecinos, y luego venderlos en el nuestro a cuatro o cinco veces su valor actual. Recuerdo cuando se inició el control cambiario muchos estábamos fuera del país estudiando… estuvimos aproximadamente seis meses sin recibir nuestras asignaciones de becarios, y varios estábamos con familia. Entonces, recuerdo claramente, que algún venezolano cercano pero que no estaba siendo financiado por nuestro país en sus estudios (porque se había ido por sus medios y trabajaba en España) nos propuso que usáramos el cupo de dólares al que “tenía derecho” para hacer negocio con los otros venezolanos que estaban con nosotros allá. Mostrarle entonces que eso era un acto de corrupción fue, sencillamente, imposible.

Hoy día, sin duda, los modos de estafar al gobierno y al Estado, están siendo cada vez más burdos, más fachas … más descarados. Me habitaba una profunda decepción cuando escuchaba cuentos de las argucias que se practican para hacer efectivo un cupo de dolares al que se tiene “derecho” (lo cual, por cierto es un argumento insostenible), y viendo cosas tan espantosas como esta página (información suprimida en atención a la Ley Venezolana de Ilícitos Cambiarios), cuando vi en la página de CADIVI que esa institución estaba llamando a varios miles de tarjetahabientes a que consignaran constancias de las cosas que estaban adquiriendo con sus dólares. Miles están siendo llamados, como aquellos que fueron llamados por sospechar que no viajaban y vendían su cupo de dólares para viajes.

Allí tendrán que acudir esos mismos a los que maldicen al gobierno y luego sentencian que tienen “derecho” a dólares para viajes o compras, y cuyo uso lleva a hacer cosas tan asombrosas como abrir una cuenta en algún lugar de venta de objetos por internet para “comprar” objetos que otra persona supuestamente vende en otro país (Estados Unidos por ejemplo), y cuya transacción termina siendo una compra simulada en la que el vendedor recibe en Estados Unidos, dólares generados con la venta de nuestro petróleo por una venta que nunca se efectúa realmente, y el usuario nacional “evade” el sistema.

Pero frente a esta situación el tema, me aventuro a mostrar, no está tanto en establecer más controles, sino en mostrar cómo se sanciona a quienes los violan y en cómo las herramientas informáticas como apoyo a los sistemas de gobierno electrónico se convierten, realmente, en un punto de apoyo y no en un dolor de cabeza.

Los sistemas se hacen vulnerables cuando tienen huecos y vulnerabilidades, pero también cuando se hacen ineficientes, inoperantes y, sobre todo, cuando no hay respuestas de cara al ciudadano para mostrarle que no hay tanta impunidad como parece.

He citado tan sólo dos ejemplos: trámite de cita para pasaporte (donde es sabido que hay serios problemas en la tramitación de las citas para el común de los ciudadanos y muchas facilidades para quienes conocen los trucos y que, además, estos últimos cobran mucho a los usuarios finales para hacer el trámite), y solicitud de dólares para viajes a través de CADIVI. En este último caso veo recientemente que algo se está haciendo, pero esperaría que se divulgara allí cuanto se está haciendo para frenar esa corrupción individual, con tanto ahínco como quienes divulgan los modos de hacer trampas al sistema.

Y aquí no vale ir a hacer el trámite a caracas con el amigo tal o cual, ese es otro modo de corrupción y está claro que si las cosas se solucionan para uno sólo, al final, no se solucionarán para nadie.

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