De estos dias … algo bueno.

Desde hace algún tiempo me levanto con la radio encendida. El dial sintonizado es uno que en un tiempo correspondió a la radio ECOS (90.5 en FM) y que ahora usa en Mérida la Radio Nacional de Venezuela.

Hay allí un programa que repiten algunos días a la semana entre las 3am y las 5am que es la hora en que suelo despertarme cada día. O al menos hacer eso que llamo “el primer despertar”, pero de eso no hablaré ahora, sino de algo que descubrí gracias a este programa. Su nombre “De México hasta la Patagonia” sintoniza al usuario del programa (así nos llaman a los radioescuchas ahora) en lo que vendrá después: un recorrido por la música de cantautores latinoamericanos.

Así, me he despertado con Alejandro Filio, Vicente Feliú, Eugenia León, Augusto Blanca, Pedro Guerra (jeje… no es de aquí pero las Canarias… bien sabemos que casi casi son de aquí :D), Silvio Rodríguez, Pablo Milanés …. Rico despertar ha sido, sin duda. Por la conductora del programa, supe de Vidas, el último disco de Pedro Guerra. El cual recién he podido escuchar esta mañana, entre tanto y tanto que hay ahora por aquí.

Vidas es, para mi, un punto de inflexión en la música de Pedro Guerra. Mucho más intimistas en sus letras, los ritmos van desde pop hasta fado … El fado del corazón enfadado es, sin duda, una de las mejores canciones del disco … o aquella en la que se nos pide reconocer el amor de aquella hoja seca que cae del amor … Sin duda un descubrimiento hermoso … íntimo y hondo. Taller, Golosinas, Tan cerca de Mi, Raíz, Ofrenda (un estupendo disco con colaboraciones célebres), Las hijas de Eva, Bolsillos y otros más llenos de colaboraciones que estos otros, sin olvidar el exquisito disco La palabra en el Aire, con letras de poemas del recientemente fallecido Ángel González, han dejado ver las búsquedas de Pedro Guerra.

Tal y como lo he podido ver Tan cerca de mi, resultó estar muy cerca de Raíz. Casi como decir que “tan cerca de cada cual, sólo está la raíz”. Algunas canciones de Raíz son, de hecho o al menos así me han parecido a mi, continuaciones de algunas otras de Tan cerca de mi. Hay notables excepciones. En Tan cerca de mi aquella hermosa frase que abre Siete Puertas: “mi casa está en el mar con siete puertas/yo ya no vivo allí pero me esperan” resulta inolvidable y única entre ambas producciones, mostrando a un ser íntimo siempre en búsqueda de no olvidar cuanto de lo suyo, lo que ha sido, lleva en su andar. Esta idea, creo, se refuerza en los ritmos utilizados en todos los discos anteriores: muy a lo Pedro Guerra, muy a lo Canario … Sin embargo Vidas es más de exploración, o al menos eso es lo que se me antoja a bote pronto luego de haberlo escuchado lleno de búsquedas sonoras y rítmicas que van desde un fado hasta la incorporación de un charango en una canción más de tonos pop.

El descubrimiento de lo que ha sido la vida de Pedro Guerra en este tiempo de silencio de cara a quienes nos nutrimos de sus regalos, de su música, me ha llevado, casi de modo automático a buscar qué es de la vida de alguien que me resulta, sencillamente, una pequeña música genial: Natalia Lafourcade.

Bien. He descubierto que Natalia Lafourcade ha publicado recientemente Las cuatro estaciones del amor. Se trata de un disco, desde mi punto de vista, espléndido. Curiosamente, ambos regalos (Vidas y éste) han llegado casi de modo simultáneo gracias a internet🙂. Tras elucubrar si el título tendría alguna reminiscencia de la propuesta de Vivaldi (sin lugar a duda una visión sumamente romántica y dramática de la vida en cuatro estaciones a través de combinaciones de instrumentos de viento y de cuerda), descubro que este disco de Natalia es instrumental por completo.

Tan sólo cuatro piezas lo componen. Diría que es absolutamente minimalista, pero al mismo tiempo pleno de elementos constumbristas. El primer movimiento (la primera pieza) más sinfónica que otra cosa, incorpora la voz de la propia Natalia recordando lo que la literatura nos ha grabado en el inconsciente colectivo “son” los cantos de sirenas. De ahí en adelante, las siguientes piezas del conjunto son, y en especial el segundo tema, a mi juicio, un hermoso paseo por retretas de pueblo aderezados con deliciosos paseos en tardes soleadas. La afinación de los instrumentos hace que su sonido rememore las bandas municipales que solían escucharse (y aún hoy día en algunas ciudades pueden escucharse), a principios y mediados del siglo XX.

Sin lugar a dudas dos encuentros muy afortunados, para ayudar andar al alma.

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