¿Por qué la Onda Nueva se encerró a sí misma?

Recuerdo a mi segundo profesor de Solfeo, por allá por los ochenta … un caraqueño que daba clases en lo que entonces era primero la escuela de música y luego el CUDA en Mérida. Ya nos habíamos mudado de la “Casa Rosada” de la Av. Don Tulio, luego de los trágicos sucesos del bachi asesinado justo detrás de esa casa, al espacio del Seminario, unas cuadras más arriba por la misma avenida.

Venía yo de tener clases con Pedro Simón, mi primer profesor de piano “oficial” en la Escuela de Música de la ULA, que acabó reclutándome porque coincidimos en su salón de clases mi ingenuidad, mis expectativas y una partitura que sacó al azar de la silla.. o quizás la ejecuté yo de memoria … Algunos de los presentes me conocían de mi época en la Academia Santa Cecilia, donde arranqué sonidos al piano desde los cinco años… gracias al empeño de mi madre … Ese mismo año, ya en clases con Pedro Simón, se me ofrecía una beca a Rusia para ir a estudiar piano … tan sólo quería hacer el intento de saber hasta donde podía llegar .. terminaría en breve mi bachillerato y era para mi toda una oportunidad.. o al menos eso vi yo … Mi madre se resistió a darme el permiso para hacer el viaje, e insistió que el piano tan sólo debía ser hobbie … quizás faltó empeño de mi parte allí… lo cierto es que continué mis clases de piano hasta el 94 en la Escuela de Música (ya entonces CUDA), y al mudarnos de edificio cambie de profesores de piano, solfeo y, de algún modo, comencé la inconclusa carrera de pianista, que sólo llegué a cursar hasta el tercer año … por abandono propio …

Fue de esas despedidas en las que uno cierra la puerta y prefiere no volver a mirar… aunque a ratos acaba acercándose y mirarla a través del ojal de la puerta…

En fin. Iba a hablar de ese profesor de Solfeo cuyo nombre, espero me perdone, no recuerdo. Lo que si recuerdo, vívidamente además, fue una charla sobre los movimientos musicales latinoamericanos contemporáneos.

Éramos pocos ese día en clase, al parecer los acordes de tercera y la construcción de sus transofrmaciones no nos entretuvo mucho… porque terminamos hablando de Bossa Nova, Trova y Nueva Trova Cubana, los sonidos Rock del sur y los Rock Folk de México o Chile. Al llegar a Venezuela, se detuvo en lo que era obvio por su edad, formación y tendencia: Onda Nueva.

¿Por qué la Onda Nueva no prosperó? se preguntaba en alta voz.

Curioso, creo que de la clase, y sin ánimo de ser arrogante con mis compañeros, tan sólo yo sabía de qué carrizo hablaba. En casa mis padres habían comprado lo que creo es el único disco que grabó Aldemaro Nuevo con Onda Nueva, y era un disco que solía escuchar con frecuencia.. bueno, con la frecuencia que la caprichosa aguja de nuestro equipo Philips lo permitía.

Escucharlo hablar de las adaptaciones y revisiones de Aldemaro a música popular de la época, vistiéndola de matices distintos, fue para mi una sintonía curiosa. Diré que me asombró.

Nunca más en nuestra clase volvimos a tocar el tema, salvo en algún caso para ilustrarnos que una determinada cadencia o armadura era muy frecuente en algunas tendencias musicales.

Hace no poco tiempo me hacía la misma pregunta, a la luz de esta suerte de boom que está viviendo, diría que por tercera vez en los últimos sesenta o setenta años, la música venezolana. Diré que por tercera vez, porque aunque a buen seguro haya quien me corrija, yo logro identificar hasta ahora tres momentos en la historia musical contemporánea venezolana:

  • Un primer momento, sin duda, está marcado con la primera aquella aparición de la Onda Nueva, a mi juicio inapreciada por la historia y por quienes la vivían. Pese a los pocos medios de difusión y la poca difusión de los medios de entonces, cierto es que en determinados círculos, esa música caló. Élites diré, que escuchaban esos “juegos” de adaptaciones, revisiones y creación (acción-construcción-destrucción que diría Cafe Tacvba), de un modo complacido, aunque no con ánimo de difundirlo más-allá. Cierto, aquí hay un juicio de mi parte. Es tan solo aquello que puedo ver desde la historia que se. Definitivamente el peso del culto a lo extranjero (salsa o rock) tuvo un papel importante allí.
  • Un segundo momento, ya a finales de los ochenta, para mi está marcado por la búsqueda desde el Ska, el Punk, el Dark Punk, el Pop Rock con un poco de Trip Hop, y también del clásico Pop de esa época, de una suerte de identidad nacional de nuestras producciones musicales. Es la época de los grupos. Cierto que a las apariciones de grupos como Desorden Público, Sentimiento Muerto, Zapato 3 y otros, entre los skateros y rockeros, y Aditus y Témpano entre los poperos o pop rekeros. También es la época de apariciones brillantes y destacadas como Frank Quintero (Dios!!), Ilan Chester, Guillermo Carrasco, Yordano, Colina, Franco de Vita y otros que se me escapan (OJO pueden ayudarme a hacer la lista!) … Antes que me caigan a sombrerazos.. por la osadía digo … habría que mencionar a los dos últimos grupos que cierran este período pero que están muy cerca de los ritmos propios del caribe y la pachanga: Daiquirí y Adrenalina Caribe. Dios … en fin… Evio Di Marzo nos pediría que miráramos al horizonte … pero sin duda,fue una época en que la prolijidad se debatía entre lo fácil y comercial y lo más refinado y auntóctono. Sin duda, la medida del “uno por uno” (una canción extranjera y una canción local), favoreció en mucho que se conociera esta música, que las discográficas se embarcaran también en producir estos ritmos. Recuerdo que esta medida no gustó mucho a los productores de radio que acababan en algunos casos escurriéndola … pero, tal parece que finalmente algo se logró con ello … algo recordamos.. Esto sin nombrar grupos tradicionalmente folklóricos como Serenata Guayanesa… pero esos, lo sabemos, siempre estarán allí.
  • El tercer período, diría que se inaugura con Los Amigos Invisibles. Su coqueteo de un acid jazz autóctono con letras algo prosaicas de nuestras cotidineidades venezolanas ha sido, creo, un gancho importantísimo de su arraigo en algunos colectivos … y, sin duda, ha sido un arranque importante para otros grupos que han venido después. Es curioso, finales de los noventa y comienzos del siglo XXI no es la época del auge del “uno por uno”, sin embargo la difusión de estos aportes y los que recién van floreciendo desde músicos de academia como Gabriela Montero o Eugenia Méndez, quizás pueda verse favorecida en este momento por las redes p2p, pues en este momento lo “comercial” viene marcado desde afuera y desde luego hacia allá miran las discográficas tradicionales. Es también la época del surgimiento, aún más fuerte, de movimientos de música underground en otros lugares del país, no sólo en Caracas como en épocas anteriores, varios sellos independientes, o al menos pequeños, nos acercan a música más de flok jazz con tintes localistas y de experimentación que de reggeton … pero sin duda allí falta mucho por andar, porque la tendencia es a escuchar en nuestras radios 20 artistas extranjeros (todos con ritmos y melodías similares) y uno nacional. También han surgido radios dedicadas a música “adulto contemporánea” que a ratos presentan variedad con cantautores, pero allí, lamentablemente escasean los cantautores locales y nacionales que los hay … y muchos.

Podríamos decir mucho más. Sin duda esto es sólo un esbozo (no pretende ser más que eso) … faltan muchos nombres y muchos detalles en este cuadro. Pero quizás el marco principal es uno del que desde mucho antes se ha carecido y que sólo nos ha parecido pertinente y necesario para algunas otras expresiones artísticas como el cine, la televisión o la literatura: la definición de un “qué” “cómo” y “hacia dónde” de nuestra idea del fomento musical nacional. Esto lleva a afirmar lo que es obvio a muchos: la carencia de una política clara de fomento cultural en sus múltiples expresiones, que tenga una imbricación social amplia y que, además, entienda que la música como objeto y bien, no es sólo defendible desde el terreno de las notas, sino desde todos los terrenos desde el quehacer social.

Es así como, respondiendo a aquél profesor, diría que movimientos como la Trova, la Nueva Trova y el Bossa Nova, siendo nuevas búsquedas, entendieron que no todo estaba hallado y que faltaba mucho por construir… no sólo desde las partituras y las ejecuciones virtuosas, sino desde la vida misma del ciudadano.

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