alicaida el alma…

El 11 de marzo del 2004, el mundo despertó sobresaltado: varias bombas habían explotado al interior de varios trenes que cubrían la ruta Guadalajara – Madrid en España. Nosotros vivíamos en Alcalá entonces, y luego del estupor lógico que deja el asalto a la vida, comenzamos a pensar en nuestros amigos.

Muchos de ellos hacían frecuentemente esa ruta, y ansiábamos saber de ellos. Los celulares congestionados, las comunicaciones hechas una pena, no sabíamos qué decir o qué preguntar … comenzamos, casi con el comenzar a andar de ese día a llamarles para asegurarnos que algún retraso pudo haberles salvado ese día de hacer la ruta que a diario hacían tomando el tren en cualquier estación intermedia del trayecto.

De algún modo, pese a estar en un país extraño y pese a que los coterráneos que conocía y que me eran cercanos se salvaron de los atentados, sentí que moría en parte ese día. El ánimo en el trabajo estaba por el piso, y todos apuntaban a echar y asignar culpas, a reclamar justicia sobre todo… a llorar por los muertos que fueron y los que pudieron ser.

Hoy, varios años después, ocurre de modo cercano también un asalto a la vida. Esta vez, el asalto se ha encargado de hacerlo la vida misma. Creo que siempre hay en esos momentos, en esas terribles circunstancias, alguien que conoce a alguien que es cercano a otro y que, de algún modo, uno conoce. Pero mi reflexión hoy, que de algún modo uno vuelve a morir un poco también, no es hacia ello.

Conocía a algunos de los pasajeros fundamentalmente por relaciones laborales. Amigos conocían de modo cercano a otros que allí viajaban, y están realmente asombradamente tristes … pero la reflexión ahora también debiera mirar un rato al asalto de la vida que ocurre cuando, de algún modo, el ser humano siente que la tecnología que controla y que cree conocer, le sirve de espacio y puente para superar con honores, las pautas de la vida y la naturaleza …

Es terrible que estos asaltos ocurran cada día … quizás está de más mostrar aquí que accidentes, incidentes y atentados ocurren a diario en el mundo, quizás también está de más en este momento alzar la mirada al cielo y pregunta, indignados, por qué ellos .. por qué ahora, vidas florecientes había en ese vuelo, personas valiosas, seres humanos, vulnerables y hermosamente falibles como todos había allí … un asalto les ha arrebatado de esta forma que conocemos como vida y sencillamente nos resulta injusto … impropio de esta vida … incomprensible.

Una canción de Cerati refiere alguien viendo la guerra en Kosovo y no saber que había guerra como tal hasta sentir que en su placard estallaba un misil … cierto es, en tiempos de terrible enajenación del ser humano de su propia humanidad vulnerable y falible, nos olvidamos de los más de 7mil millones de almas que andan en el mundo, con mayor o menor fortuna, buscando sentido a sus vidas … andando para vivir.

Momentos duros para el alma y el espíritu … momentos de pensar, de andar, de saberse vulnerables y, sobre todos, necesitados de esperanza.

Dios bendiga a las víctimas del vuelo 518 y plene de sabiduría y esperanza el alma de sus seres queridos.

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