Con mi apatía no te metas!!

(o de cómo es imposible mostrar cosas a quien no quiere verlas).

Hace unos días me informaron que contaban conmigo nuevamente para unos talleres a alumnos que harán servicio comunitario en breve y eso implicaría retomar las clases luego de unos siete meses de receso luego del nacimiento de Abril. Cuando me lo plantearon me volvió el sinsabor de las últimas sesiones del mes de junio pasado cuando mientras para mi suponía un dilema estar allí (mi beba estaba en el hospital, pero había que cumplir con lo prometido y no podían hacerme el quite), para los asistentes era un problema pensar en escribir un par de cuartillas pues implicaba tiempo para pensar cosa que no les apetecía; y la verdad el sabor no fue muy agradable. Debo decir que desde la sesión del día de ayer voy viendo que la vida me muestra una realidad que ha resultado muy dura ahora que puedo contrastarla no sólo en esos estudiantes, sino también en personas que por tenerse como adultas tal parece que han adquirido una licencia para no aprender.

Tanto cuando acompañé a cursos en la Misión Sucre como en otras sesiones a las que he asistido, insisto a los alumnos que mi presencia allí no es garantía -ni de cerca- de que ellos están “adquiriendo” conocimiento, pues acercarse al conocimiento siempre es un camino que comienza cada día con el simple deseo de aprender. Queda de cada cual poder andarlo del mejor modo posible. Sin embargo, hasta ahora en todas las ocasiones me he enfrentado a la realidad de que, para quien está sentado frente a ese que llama “profesor/ra” ese que habla sabe todo cuanto hay que saber de aquello que dice. Es algo que me resulta inverosímil en especial en el área en que investigo, pero que a muchos les parece algo incuestionable.

African daisy (Osteospermum sp. 'Pink Whirls')...
Image via Wikipedia

En mi, hasta ahora, breve andanza me he encontrado muchas variantes de algo que diría es ese mismo mal: algo que combina una fascinación siempre aparente sobre los conocimientos que tiene el profesor, y una resistencia siempre existente -casi adolescente- a aceptar que las cosas pueden no ser como se están pensando. Y esta actitud, voy descubriendo, no está resultando ser privilengio ni de adolescentes, ni siquiera de bachilleres a dos semestres de terminar sus estudios en educación. Esaactitud de resistencia caprichosa la estoy viendo, con un carácter cada vez más notorio en personas que se tienen a sí mismas como adultas.

Fuera de un área que algunos llaman “académica”, veo a gente mostrar que no oye sino sólo cuanto dice en su interior y es incapaz de observar algo más de cuanto ocurre, pues sus propios diálogos internos le ocultan los sonidos cercanos de otros y eso les limita y aisla, mientras llaman intolerantes a quienes ofrecen soluciones. También me veo a ratos a mi misma padecer de estos rounds de silencios autocomplacientes.

De alguna forma hay algo en el ambiente que llamaré -por ahora- apatía por aprender. No sólo no se busca ver más allá de lo que quien habla en frente (y que llaman profesor/ra, líder, voz autorizada o representante, padre, hermano…) les está mostrando, no sólo se da por cierto todo cuanto se oye, sino que se reivindica el derecho no escrito a no-aprender, a no aceptar, a no escuchar más allá de lo que otros, con nuestro aval, nos dicen debe ser escuchado. Parece -ahora puedo verlo- que esta es la época en la que la autocomplacencia llega al súmun de lo posible, y a menudo nos vemos rodeados de gente que ha hecho de la autoescucha y la arrogancia una característica genética de caracter dominante.

Me digo a mi misma, que aún siendo difícil hacerlo, va a tocar darse cuenta de que hablar de ciudadanía y de formación ciudadana -sólo dos ejemplos- es algo que se complica si alguno de los escuchas tienen la convicción de que esos temas han sido inventados por el actual gobierno y la tendencia política que está en ejercicio en Venezuela. Va a tocar aceptar que no puede ayudarse a quien no desea ser ayudado si tiene sobre el que ayuda una mirada de sospecha. Va a tocar aprender que todos los que buscamos andar conforme a lo que creemos seremos vistos con recelo.

Va a tocar aprender que, de algún modo, el sistema aborrega y aliena al mismo tiempo de tal modo, que programa a los individuos para que desconfíen del que les llama a salir de sus propias y aprendidas autolimitaciones, y para que los denuncien porque insisten en que no todo está dicho y en que debe asumirse que la vida es aprendizaje continuo y un continuar aprendiendo de todo cuanto ocurre y es.

Pero también, va a tocar seguir fijando en los detalles hermosos (sonrisas, empeños, ganas de aprender) una flor, y volver allí a cultivar todo cuanto pueda ser a partir de allí. Va a tocar seguir anunciando ante quienes hacen de la apatía y el conformismo un bastión, que su mundo y ceguera tienen los días contados, en ellos.. en todos.

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