Pense en una montaña

Días atrás, pensé una montaña.

Estuve a sus pies y desde allí mirar a su punto más alto hacía que lo que allí hubiera pareciera a mis ojos, tocar el infinito del universo.

Pensé que esa montaña se recorría, de uno u otro modo: haciendo acampadas temporales, a ratos con buenas compañías y a ratos con un recorrido aún más largo. Miré a la vida y sus noticias en estos tiempos y pude imaginar que en mi recorrido montaña arriba llevaba a ratos pesos de distinto tenor, y que el único requerimiento para el camino era llevarlos … del modo más honesto en que  se pudiera.

Sigo pensando en esa montaña y creo que a veces algunos de esos pesos se caen y entonces debe iniciarse de nuevo todo el trayecto, como hacía aquél que llamaro Sísifo quien debía siempre iniciar su trayecto aunque siempre estaba a punto de terminarlo. Pese a lo triste de este panorama, hoy me resulta mucho más claro que el que regresa a retomar su trabajo de vida (suba o no por esa montaña), no regresa a un punto similar al que dejó: algo ha aprendido.

La despedida es una de las lecciones más duras … y más necesarias. Hoy lo he visto.

Días atrás me pude despedir con un fuerte beso y un buen abrazo de una mujer guerrera que ha enfrentado los ultimos 12 años subiendo y bajando de esa montaña por el cáncer. Pude verla por última vez días atrás aquí en Mérida y compartir con dos de sus hijos, mis primos, y creo que verles andando y luchando con esperanza me animó a retomar algunas de las esperanzas que la vida recientemente me había ocultado. Hoy, finalmente mi prima viene anunciando que quiere descansar y ha entrado y salido de la muerte a intérvalos. En breve el descanso llegará como parto que abrirá camino a cuantos le han acompañado en su suerte.

Nos hemos quedado nuevamente al pie de la montaña, aprendiendo … mientras,  conozco la muerte de Mario Benedetti que ocurría, egocentrismo aparte, al mismo tiempo que la entrada de mi prima en ese espacio extraño de la no despedida … de la muerte chiquita.

Benedetti me ha signado -y me signa aún- de un modo hermoso y peculiar … releer su sincera, llana y combativa poesía y su elocuente prosa me anima -desde su sarcasmo y sencillez- a ver esa montaña de un modo distinto … menos larga y menos sinuosa diría.

Te quiero es para mi un llamado a lucha y un agradecimiento entrañable a quienes habitan junto al lecho de vida de cada uno … aquí un homenaje a la vida, desde un poema de quien hoy abre la puerta de la muerte … y se despide

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