Todos somos Don Quijote alguna vez … o varias

(Estimado lector o lectora, este post es muy largo, no pido disculpas por ello, tan sólo advierto)
Cuando pienso en un trámite administrativo entre el ciudadano y la administración publica pienso -utópicamente, lo se- en algo mucho más sencillo de lo que la tradición popular nos dice que es. Quizás porque pienso que debe ser relativamente fácil, por ejemplo, la solicitud de créditos públicos. Pero lo cierto es que la vida siempre se encarga de mostrarme cuán equivocada estoy, pues a veces las cosas se complican por impracticidad de los procesos y actividades, y tornan extremadamente complicado lo simple.
Sin ahondar en detalles, pretendo mostrar a continuación una reflexión que se organizó a raíz de una pregunta de un funcionario:

Para ese software libre que Ud. dice,

¿se necesita registrar una patente o algo?

Desde el año 2004 acudimos a una suerte de andar y desandar en los distintos caminos que ha tomado la migración en nuestro país a raíz de la publicación del Decreto Presidencial Nº 3.390, relativo a la obligatoriedad de uso de Software Libre en la Administración Pública Nacional (APN) en sus distintos niveles.
Decía andar y desandar porque, en el fondo a estas alturas, a casi cinco años y medio de aquél 28 de diciembre del 2004, no contamos con estadísticas claras y transparentes sobre qué es lo que se está haciendo o se ha hecho en nuestro país por cumplir lo dispuesto ese día. Intentaré plantear grosso modo cuáles son las aristas que logro divisar desde lo que he sido y voy siendo (activista, aprendiz y usuaria de software libre):
1) La aproximación a la migración de software libre en la APN ha sido y es sencillamente “inaprehensible”. Creo que básicamente por dos motivos: a) no se ha entendido qué es y cómo funciona el software libre y b) por la otra, la APN es una gran desconocida (hay varios modos de desconocimiento, pero de eso no hablaré ahora).
a) Por una parte, en mi opinión el decreto hizo que muchos en las llamadas “comunidades de software libre” despertaran a un mundo donde el software libre era políticamente importante y pertinente. Eso, en el fondo, a mi no me parece nada mal en realidad. Pienso que es importante que se entienda a la tecnología como no neutra y, además, al servicio de lo socialmente pertinente. Claro está que esta comprensión del hecho tecnológico (como proceso) y de la tecnología (como resultado no inocuo socialmente hablando) demanda, también, una comprensión no lineal de nuestra presencia en la sociedad y de la sociedad misma. Esto amerita preparación e in-formación social en otros planos y con otra orientación distintos a las actuales. De modo que, resumiendo: el decreto permitió tomar (o ir formando al menos) conciencia de que la tecnología no es inocua, y que, al no serlo, la opción del software libre es, al menos y por ahora pese a sus imperfecciones, la menos reprochable éticamente.
El software libre, además de ser pertinente desde el punto de vista político y social, es vehículo hacia un importante cambio de paradigma sobre la producción intelectual, su accionar e, incluso, hacia la tan necesaria diversificación de la economía nacional. Sin embargo, no parece que quienes han tomado el bastón de mando en los procesos de migración se hayan acercado (o dejado acercar parece que es igual) al paradigma que el software libre plantea sobre los procesos de producción de software, los beneficios y, además, sobre la necesidad de apoyo constante e inmediato en términos económicos, pero también en términos de apertura a nuevas prácticas organizacionales.
b) Antes decía que la inaprehensión del software libre tenía que ver por una parte con la aproximación hacia lo que el software libre implica, y de la otra hacia la falta de conocimiento de la APN sobre sí misma. Nuevamente aquí hay varias aristas que intentaré nombrar aunque de modo breve. En primer lugar, aunque podríamos argumentar sobre la inexistencia del Estado (o de una estructura que funcione como tal de modo homogéneo y amalgamado en distintas arenas de la política pública), para simplificar esta exposición, aceptaremos como válido el criterio superficial muy difundido de que en Venezuela hay algo que se llama Estado y que, de algún modo lo reconocemos. Bien, ese Estado en la última década a venido.. como decirlo… dibujando un andar algo sinuoso en su estructura vs. distribución de competencias.
La APN se desconoce. Intentaré explicar mi perspectiva sobre las raíces de este desconocimiento.
En la última década se han experimentado dos tipos de cambios en la estructura del Estado: unos profundos (signados por la promulgación de la Constitución del 99) y otros más de carpintería y pintura (signados por mudanzas y fusiones de ministerios y generalmente luego del meridiano de cada año o cada año y medio). Entre los primeros aún no consumados en su pleno sentido por cierto (prueba de ello la reciente LO del Consejo Federal de Gobierno, estructura de la CRBV del 99 pero nunca convocada), desde luego destaca el profundo cambio en la separación de poderes, desde el tradicional modelo rousso-montesquiano, a esta interpretación de lo necesario para el bien público tan nuestra que nos dibuja un estado organizado en torno a cinco poderes en lugar de tres, y con una maquinara unicameral productora de leyes. Entre los segundos encontramos reducciones y ampliaciones (más las segundas que las primeras) en número de ministerios y sus funciones, y la incorporación de estructuras satelitales inicialmente tipo quangos, pero cuya presencia debió ser institucionalizada al perder éstos su carácter de by-pass burocrático que conocemos como misiones. No es el momento en este escrito de evaluar los resultados de cada uno de estos hitos, pero si mostrar que eso es parte del panorama político reciente y actual de Venezuela y el símil que hacía del devenir epocal “sinuoso” de la estructura Estatal venezolana.
Desde mi punto de vista hay un marcado desconocimiento de la APN acerca de si misma. Al parecer las estructuras, las instituciones adolecen del tiempo suficiente de asimilar los cambios estructurales, ni de producir los cambios organizacionales pertinentes para que los primeros se asienten. En otras palabras, no hay cómo similarlos en términos de su ocurrencia (entender qué ocurre y su sentido), pero también en términos de su pertinencia (entender el para qué y el hacia dónde).
Mi teoría aquí, es que la APN se viene desdibujando en el imaginario burocrático funcionarial (si tal cosa existe) en términos de una “fotografía” que el aparato burocrático tiene de sí mismo como parte de su reconocimiento como tal y, por tanto, se hace inaprehensible a si misma: la APN no se entiende. Las instancias cambian de nombre, de adscripción, de condición, de figura jurídica, de normativa, de pertenencia de una forma vertiginosa y estas modificaciones no han venido aparejadas de cambios organizacionales y de aprendizaje organizacional necesarios para la sostenibilidad de los primeros. De algún modo gráfico, se me ocurre la comparación con un cuerpo indigestado al que le es posible distinguir el dolor de su reflejo.
La APN a través del CNTI (que por cierto es una Asociación Civil y, por tanto, no cuenta con una figura legal operativa sobre el bien público) es la encargada de regir el proceso de migración. Aquí creo que se desconoce y es desconocida también, de lo cual, más grave lo segundo.
¿Y qué podemos decir de los ciudadanos?. Tal parece que ellos tampoco conocen mucho de la APN, o la local -que casi presenta una situación similar a la antes descrita en términos de estructuras, funciones, atribuciones, pertinencia …- Y esta situación en los ciudadanos, mucho me temo, no resulta descabellado que, analíticamente, la extendamos a los encargados de diseñar, orquestar, desarrollar y dirigir procesos de migración de software libre.
En esta arista, nuevamente veo dos vertientes: la “sistematitis” y la “arrogancia académica”. La primera, debo decir que es un término prestado de @mapologo para definir la enfermedad del programador y líder de proyecto de resolver un “problema” con un “sistema” y, como él mismo dice aunque no es del todo equivalente pues algunos sistemas son más pasticho que sistemas, el afán de atender un problema no lineal con una solución lineal. La segunda es una expresión con la que he pretendido resumir lo que observo en algunas aproximaciones a hechos y problemas sociales (la migración al software libre lo es), de un modo tan academicista que se pierden en su propia búsqueda y terminan siendo absolutamente impertinentes para la oferta de soluciones. Aquello de “formar la comisión” y comenzar a ser mezquinos con la información que se tiene y se produce, o aquello de producir soluciones “llave en mano” para comunidades, pero diseñarlas y construirlas desde un escritorio para que “otros” lo apliquen sin aproximarse al problema más allá de la propia percepción de éste (cesgada como la de todos y todas).
2) Pero además, resulta que la tecnología y el debate sobre ella, no han sido materia ni interés de ningún nivel del nuestro sistema educativo o dentro de la APN. En otras palabras, la tecnología no ha sido un problema para nosotros, al menos hasta hace muy poco la tecnología no había sido socialmente problematizada y quizás ahora lo es sólo de modo insuficiente. De manera que la incorporación de la tecnología en los procesos desarrollados por la fuerza laboral de cualquier instancia de la APN se hacía de modo intuitivo y nunca crítico. Y al hablar de tecnología hablo tanto de tecnologías duras como blandas. Los temas de conservación ambiental, por ejemplo, que demandan el desarrollo de un importante aparato productivo en el sector de manejo y aprovechamiento de desechos sólidos y generación alternativa de energía (por citar sólo dos campos cercanos), son de reciente y tímida incorporación en nuestro discurso político y social. No estamos siendo formados de modo crítico para aproximados de una forma igualmente crítica a la tecnología y seguimos rasgándonos las vestiduras en tecnicismos que, no nos engañemos, no van a cambiar un problema de fondo (no sé si el único) y es el relativo a la aproximación que como ciudadanos tenemos hacia la tecnología.
Algo -mucho- más de formación, de formación crítica y colectiva, de in-formación por tanto, se hace imperativo en un contexto en el cual la tecnología es omniprescente pero no problematizada en una sociedad de réplicas que no es capaz de conocerse, aceptarse y proyectarse a si misma (porque no atina, no porque no tenga la capacidad).
3) Finalmente, hay un serio problema en la conformación e integración de equipos multidisciplinales al abordaje de problemas tan teóricos como la concepción de la ciencia y la tecnología y su aproximación a la construcción de debate social en este sentido, o tan prácticos y pertinentes sobre la necesdiad de procesos de migración cuantificables, auditables e integradores y que permitan hacer que la tecnología lejos de dividir, de cuenta de nuestras diferencias y permita generar vasos sociales comunicantes aún en casos de discapacidades físicas.
Seguro hay muchas más aristas que los lectores y las lectoras pueden ayudarme a revelar en este complejo panorama, pero la notable limitación de las enunciadas no me impiden afirmar que aún en este contexto se hace perentorio abordar la necesidad de la generación y arraigo de los procesos de migración como una cruzada quijotesca. Como, he visto y vivido, ha sido asumida por muchos desarrolladores y desarrolladoras, pasionarios y pasionarias luchando, eso si, no contra molinos de viento, sino contra verdaderas murallas políticas y de cosmovisión.
Por eso, recordando esa pregunta, pensaba también que en el software libre y desde la comprensión de su papel y pertinencia política, todos hemos sido alguna vez Quijotes.
¿Y qué haremos al respecto? Como ciudadanos?, como país?, como parte del aparato tecnopolítico (palabro increíblemente de moda en estos días) del país?
El software libre es una ventana de oportunidad no sólo en términos técnicos y ni siquiera en términos tecnopolíticos de modo exclusivo. Es una ventana de oportunidad para la sociedad, para esa misma que debe custodiarlo como bien público.
Hay que obrar en ese sentido entonces.

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