2190 dias

Apenas un toque para recordarme cuánto te recuerdo.

Un año atrás me resultó sorprendente encontrarme escribiéndote una carta y comenzar diciendo que no creía que ya fueran cinco años sn escucharte.

Bella bella, luego de confesarte que este año me ocurrió igual, no sé si comenzar por ponerte al día de las locuras de Abril, que está convencida de que las madres somos unas “diosas” porque damos vida a otras personas, o que el desparpajo con el que Rainer cuenta sus chistes lo muestra atento a la vida de un modo que es maravilloso y que no se compadece con su apariencia diaria de “despiste-endémico”; y del andar de Zara, empinada en su vida dibujándose en todo cuanto quiere ser y mostrándosenos de un modo franco, abierto y hermoso (como siempre soñé debia ser)  …

No se si pensé decir esto, pero mamá, de veras, amo poder ver tus trazos en todos. Creo que tu ausencia física los ilumina de un modo especial y ese espacio que dejaste, aún estando, nos ayuda a verles y vernos como somos, con sombras y ambages.

Pero hoy quería también contarte que por estos días me viene mucho más a menudo a la memoria esa conversación que tantas veces nos reunió en la cocina. ¿Recuerdas? era sobre tu temor al rechazo de tus hijos porque no habías completado los estudios de primaria y “apenas” -decías con dolor- eras una simple repostera.

¿Recuerdas mi respuesta?

Yo si. Desde muy chama se afianzó en mi la idea de que cada cual es lo que cada cual construye de si. “El conocimiento no lo da el título” te decía, repitiendo uno de esos dichos populares que, con los años, acabaron siendo un mantra en mi. Y te lo repetí a los 8 años, a los 12, en mis rebeldes 15 años universitarios y hasta el infinito lo dije.

Hay una emoción que no puedo describir, pero que me habita cada vez que cuento que nos criaste haciendo tortas, pintadas a mano y que aún vienen a casa a buscarlas.. y cuánto lamentan que yo no haya heredado ese don … les oculto que sé como se hacen esas tortas … pero aún me duele mucho hacerlas.

Bella, años después ese mantra se ha hecho modo de vida para mi y se que algo de razón había en él. Me resulta sorprendente, debo decirlo, que yo asocie esa temprana convicción con mis estudios en escuela católica y cuánto veo que me distancia esa creencia de lo que recuerdo de las personas con las que compartí más de una década de espacio en aula en ese mismo colegio.

Aún no entiendo por qué. Hubo algo, que aún no me permito ver, que hizo que cuando nos hablaban de la búsqueda de la justicia, igualdad y cooperación entre todos y todas como valores intrínsecos del cristianismo, yo asumiera que había que hacer un mundo en el que eso ocurriera y que a ese mundo nos tocaba arrimar esfuerzos todas y todos.

Pero creo que los/las demás entendieron que eso les sería “dado”, cosa que también nos dijeron hasta el cansancio las monjas del colegio.

No se … ni se por qué te cuento esto … hoy a 6 años de aquellos días donde la bilirrubina te daba una lucidez asfixiante … y al mismo tiempo la maldita impotencia nos ahogaba en un suspiro …

En fin bella bella… que ya no estás, pero creo que sigo tan íntegra y tan humana como me permito serlo … o eso creo.

como todos, ¿no?

Besos,

Mamina.

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