El Aprendizaje va por dentro

Comparto una excelente reflexión de Douglas Bolívar.

El aprendizaje va por dentro

Se cansan de decir los analistas electorales que la abstención a quien perjudica es al chavismo. Y es cierto. Es un hecho científico, pues las estadísticas lo sostienen. Y es un dato sobre el cual el antichavismo sustenta su chance… y su estrategia. Y ha tenido éxito, como también puede demostrarse científicamente, como haremos más adelante en estas líneas.

La oposición aspirará su tercer éxito este 7 de octubre con la misma estrategia, es decir, estimulando y actuando sobre la abstención en el chavismo. Y ese será su gran error: el chavismo se ha abstenido por su enorme capacidad para discernir la realidad, por su elevada conciencia crítica. Con estos talentos, el chavismo ha incurrido en varios hitos políticos: le ha dicho no y no a candidaturas propuestas por el mismísimo Chávez. Y si ha sido capaz de meterle un parao a Chávez, ¿podrá engañarlo la oligarquía poniéndose un disfraz de izquierda?

“Cómo habrá cambiado este pueblo en estos 12 años que la derecha tiene que disfrazarse de izquierda”, viene insistiendo Chávez. Fenomenal resumen. Si es por el pueblo, la Revolución está sobradamente garantizada, en tanto que es imposible que la estrategia imperial pueda incidirlo.

Sólo que la oligarquía no ha actuado directamente sobre el pueblo, sino sobre la dirigencia. En verdad, lo poco que hemos perdido debe ser anotado en la cuenta de la dirigencia. Veamos.

Te acordarás que durante la jornada de votación por la reforma constitucional de 2007 la agencia de noticias Reuter puso a circular una nota según la cual la propuesta de Chávez había sido aprobada. La información se había puesto a circular a eso de la una de la tarde y en menos de una hora se había expandido por el planeta entero. Nadie de los nuestros salió a enfrentar aquella maniobra y la jornada fue transcurriendo en medio de aquella certeza que en horas de la noche comenzó a desmoronarse inexplicablemente.

Resultaba lógico que nadie del comando revolucionario saliera a encarar el despacho informativo de Reuter, porque se pensaba sinceramente que la noticia estaba perfectamente ajustada a lo acontecido. Así estaba científicamente amparado en las muestras científicas denominadas exit poll.

Los exit poll son infalibles, siempre que la muestra que se tome no esté contaminada. Ese domingo de la reforma la oposición había producido una brillante alteración: usó a los estudiantes manos blancas para desmovilizar el voto opositor familiar en un rango de horario en que se tomaron los exit poll de la mañana. A las 3 pm comenzaron a regresar a los centros de votación y nos propinaron una derrota. Esto que cuento no es una especulación mía: embriagados por la victoria, los antichavistas se regodean de sus goles de penalti: escuchamos en Globovisión a Ricardo Sánchez relatar cómo los estudiantes habían cumplido la instrucción de hacer bulla en la mañana y unas horas después irse a sus casas a detener a sus mayores para sacarlos en cambote después de las 2 pm. Las curvas del flujo de votos de ese día reafirman esto.

La oposición volvió con su receta en septiembre de 2010 (en febrero de 2009 no pudieron porque hasta ellos mismos apoyaron la enmienda). Había expectativa en el chavismo por alcanzar 111 curules para tener la mayoría absoluta. Se acudía a la cita con dudas.

Pero las dudas fueron despejadas a principio de tarde: revise usted las cuentas Twitter de casi todos los dirigentes de la revolución y constatará el caudal de mensajes rebosantes de optimismo. Para sorpresa de nosotros mismos, se nos informaba que teníamos asegurados hasta 120 puestos. Desconcierto monumental.

La oposición lo había vuelto a hacer: inoculó el veneno del triunfalismo en nuestras vocerías mediáticas y provocó la desmovilización del pueblo chavista. Seguramente intentará aplicarnos la misma este 7 de octubre. Ojalá que nos agarre más despiertos.

Douglas Bolívar

¿Nuevos modos para los mismos quehaceres?

SiSI

Image by Mariangela Petrizzo via Flickr

Escribo este post mientras espero que el Poder Electoral se pronuncie sobre los resultados del referendo del 15 de febrero en Venezuela. Termino de escribir este post habiendo conocidos ya los resultados del referendo por la enmienda constitucional y emocionada por el compromiso ciudadano que implican.

Debo confesar que a esta hora me invade un sentimiento íntimo de complacencia y alegría por el alto índice de participación electoral. Cifras extraoficiales hablan cerca de un 80% de participación lo cual redundará oficiales ubican la abstención en un 35%, eso confirmaría aquello que he venido comentando con respecto a mi -casi- certeza de que la opción del SI superaría suficientemente los votos que el PSUV obtuvo en las últimas elecciones regionales. Sin embargo me ocupa también a esta hora el sentimiento de pena ciudadana -si tal cosa existiera- por aquellos quienes desde la postura del NO siguen sin reconocer al actual gobierno, sus instituciones y sus partícipes como parte del sistema político en el que vivimos.

Durante estos días previos a las elecciones por distintas vías electrónica he podido tener acceso a posturas encontradas en partidarios y partidarias tradicionalmente contrarios a la opción del proceso, y también en partidarios y partidarias de éste. Curiosamente he encontrado una crítica más seria desde quienes lo apoyamos que desde quienes, en términos electorales, han votado en contra, y creo que eso ha ayudado a enriquecer la deliberación y la estrategia desplegada por el Comando Simón Bolívar y por el PSUV a lo largo de esta campaña por el SI. Creo que lo que  más sorpresivo me ha resultado es la postura de algunos que, aún habiendo estado o estando actualmente en posiciones cercanas a lo que llamamos “el proceso”, para resumir la amalgama de sentimientos, emociones, espranzas y proyectos en que ciframos nuestra construcción ciudadana, anuncian que desde nuestras filas no hay crítica, hay conformismo y alcahuetería.

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